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PASEN Y VEAN

ENTREVISTA A JAVIER ORTEGA SMITH, SECRETARIO GENERAL DE VOX Y DIPUTADO EN EL CONGRESO

ENTREVISTA A JAVIER ORTEGA SMITH, SECRETARIO GENERAL DE VOX Y DIPUTADO EN EL CONGRESO Un abogado con alma militar y vocación política
Hoy me reúno con uno de los fundadores y pilares de VOX, el abogado Don Javier Ortega Smith. Un hombre recio, directo y férreo. Pareciera que, efectivamente los pertenecientes a VOX estuvieran fabricados de una misma pasta. Tampoco titubea ni vacila en sus respuestas. Implacable y seguro de sí mismo. Smith habla contundente, con pasión y con énfasis.
B. SHIELDS:Antes de nada quisiera preguntarte ¿cuál fue la motivación o el detonante para la creación de VOX como movimiento?. La gota que colmó el vaso. JAVIER ORTEGA SMITH:La liberación del secuestrador de José AntonioOrtega Lara. Cuando el PP decidió ponerle en la calle y ver que ya no se defendía ni lo más elemental, ni lo más digno en España, ya no había nadie que estuviera dispuesto a defender ni siquiera a las víctimas del terrorismo. Y la necesidad de que en España, nadie defendía lo obvio, que era defe…

ENTREVISTA, DEL CORREDOR DE LA MUERTE EN EEUU A LA VIDA



ENTREVISTA A JOAQUÍN JOSÉ MARTÍNEZ
Del corredor de la muerte en EEUU a la vida. Entrevista muy personal
El único europeo que lo consiguió

(Me llama poderosamente la atención, cómo habla, se expresa y se explica en presente, en casi toda la entrevista. Como si estuviera sucediendo aún)
Joaquín José Martínez fue el primer europeo que salió del corredor de la muerte en EEUU, recibiendo apoyos desde el Papa San Juan Pablo II, Casa Real, Parlamento Europeo y gobierno entre muchos, hasta el más importante que hizo provocar todos ellos, sus padres. Su fatídico calvario comienzo con su detención en Florida, EEUU, en 1996, sentenciándolo a muerte al año siguiente.

B. Shields: Joaquín José, con tu permiso, espero que esta entrevista pueda ser muy personal. Tu salvador final fue tu abogado, Don Marcos García-Montes. Él fue quién te sacó del corredor de la muerte en EEUU. ¿Puedes resumirme brevemente, desde el primer día de tu detención en 1996 hasta el día en que la vida te regala una segunda oportunidad?
JOAQUÍN JOSÉ:         La verdad es que mi vida cambió un montón, antes y después del Corredor de la muerte. Indiscutiblemente cuando yo entro en el Corredor de la muerte estoy completamente solo. Me siento solo en el sentido de que me siento traicionado por el sistema que he apoyado yo toda mi vida, tanto a favor de la pena de muerte, me siento traicionado por los amigos que me han abandonado y básicamente lo que me queda son mis padres…

B.:    --- Perdón. ¿Dices que te sientes traicionado porque tú apoyabas hasta entonces la pena de muerte?
J.J.:      ¡Y creía en el sistema!. ¡No solo creer en la pena de muerte, es creer en el sistema que me llevó al Corredor de la muerte!. De hecho, incluso estando en el Corredor de la muerte, yo continuo creyendo en la pena de muerte. Entonces, al estar completamente sólo, aislarme completamente de todo el mundo incluyendo a Dios porque perdí mi fe en todo, en la humanidad, en Dios y en todas las creencias y principios que tenía…, es cuando empeiezo a reflexionar un poco sobre lo que me estaba ocurriendo. Mis padres me dijeron como siempre que me quedara tranquilo, mi padre me prometió que me sacaría de ahí y empezó a pedir ayuda en todos los rincones. Al principio era muy difícil. Nos costó muchísimo más de lo que se pueda uno imaginar, mucho sufrimiento, muchas lágrimas. Y al final dimos con un buen equipo de abogados que incluía aquí en España a Marcos García-Montes, y él, que no sólo nos llevaba el tema jurídico sino también lo personal, así como en esta entrevista. Hay que hablar claros. A veces no sólo necesitas a un abogado que te de una palmadita y te diga: - todo va a salir bien -, a veces hace falta un abogado que le diese un abrazo a mis padres y que les dijera: - todo va a salir bien -. Que les transmitiera toda esa confianza y esa fuerza para que ellos pudieran continuaran, porque esto no duró un día. Estamos hablando de tres años en el Corredor de la muerte, cinco años y medio en total en los que mis padres tuvieron que luchar por sacarme de ahí. A Marcos García-Montes lo nombraría 10.000 veces, pues no sólo me ayudó estando dentro del Corredor de la muerte y me ayudó a salir y ayudó a mis padres. Estuvo con ellos en todo momento. En la embajada… Hizo unas cosas increíbles junto a las demás personas sino que también, posteriormente, ha sido como un ángel para mí, un ángel de la guarda y lo digo así de claro. Es cierto que trabajo para él y lo siento como a un hermano mayor.

B.:       ¿Cuál es tu labor trabajando para Marcos García-Montes?
J.J.:      Llevo todo el asesoramiento del despacho. Son muchos temas de trabajo que hay que llevar, seguridad, etc. Y con la ley de la protección de datos pues es importante llevarlo todo bien y más en un bufete de esta importancia. Confió en mí al poco tiempo de salir del Corredor de la muerte. Llevo más de 10 años trabajando junto a él. Sin esta oportunidad que él me dio de trabajo estaría completamente perdido.

B.:       Volviendo al tiempo que permaneciste privado de libertad, ¿tuviste dos juicios entiendo?, en Tampa, Florida, EEUU.
J.J.:      Sí. El primer juicio que me condenaron a muerte después de estar un año y medio esperando el juicio y el segundo juicio después de que saliera del Corredor de la muerte, esperando a que se resolviera.

B.:       Aunque hay mucha gente que conoce tu caso por otros medios de comunicación, pero me gustaría que me lo contases tú mismo. ¿Podrías abreviarlo?
J.J.:      Mucha gente atribuye el por qué he salido del Corredor al motivo por el cual  he entrado en el Corredor de la muerte y al final es un cúmulo de errores por parte de todos. Yo estaba viviendo en esos momentos una vida Vip, se pudiera decir un poco alocada, soy un chico joven. Con 19 años me caso, con 20 mi primera hija, con 21 mi segunda hija, con 24 años me estoy divorciando, tengo mi empresa, mi coche deportivo, o sea, no me falta de nada… Trabajo como empresario informático.

B.:       ¿Todo esto en Miami verdad?
J.J.:      Entre Miami y Tampa.  Y estoy viviendo una vida que para mí era perfecta a nivel material, claro. Había otros principios, otros valores. Reconozco que no era el mejor padre de mis hijas, podría haber sido mejor, ni tampoco el mejor marido, pero eso no daba pie a que mi ex mujer un día, en mitad de una discusión relacionada con la custodia de mis hijas y con el tema del divorcio pendiente que teníamos, llamase a las autoridades y a la policía y dijese que yo, posiblemente tuviese algo que ver con el homicidio que había ocurrido en la ciudad de Tampa, Florida. Ella fue el detonante y de ahí fue escalando toda la situación. No atribuyo la culpa de que yo entrara en el Corredor de la muerte a ella en exclusiva, pero si fue la persona que lo inició…

B.:       Digamos que ¿ella no fue consciente a ese nivel?
J.J.:      ¡No!, creo que no. Hay que hablar claro, un divorcio siempre es complicado.

B.:       O sea, ¿tú entiendes que fue como una venganza de tu mujer?
J.J.:      Yo no creo que ella tuviera la intención de mandarme al Corredor de la muerte. Te hablo así de claro. Pero…, creo que sí quería que pasase una noche en el calabozo, o sea, hacer sufrir para que a la hora de la custodia de mis hijas el juez tenga más vista hacia ella y no hacia mí como tutor de mis hijas. Y a raíz de esto pues entro en el Corredor. Hay un crimen de alta importancia, de gravedad, son dos personas que han sido asesinadas, uno de ellos es un chaval joven de veintipico de años, 23 o 24 años, que es un narcotraficante, pero independientemente de eso, es el hijo de un policía. Entonces claro, aquí estamos hablando de una investigación que hay que cerrar cuanto antes. Primero hay que saber quién ha matado a estas dos personas y segundo, explicar a la sociedad cómo es posible que el hijo de un policía sea un narcotraficante, y no cualquier policía, ¡el jefe del departamento de pruebas!, ¡el sheriff de Tampa en Florida. O sea, son muchos factores que una vez más, acumulan a que yo entrase al Corredor de la muerte. Aparte de todo esto y me atribuyo la mínima responsabilidad en ese sentido, ¡la mínima!..., cuando a mí me dan la opción de contratar a un letrado yo tengo el dinero suficiente para contratar no el mejor abogado de Tampa ni de Florida, sino de EEUU si fuese necesario. ¡No lo hago!, ¡porque creo en el sistema!. ¿Y qué hago?, contrato a mi abogado personal, mi abogado de mi divorcio, de multas, de mi empresa, y me dice las palabras típicas de todo americano, que viviendo en América no me he cansado de escuchar: - don´t worry -, y digo: - ok!, divorcio ok, empresa bien, multas bien, ¿para qué me voy a preocupar? -. ¡Y no me preocupo!. ¡Fallo!. No tenía ninguna experiencia penal y menos en este tipo de juicios y casos. Fue un desastre a la hora de llevar este juicio a cabo y se demostró en el Juzgado y en la Corte Suprema cuando anularon la sentencia.

B.:       ¿Cómo consigues a Marcos García-Montes?
J.J.:      Mis padres viven en España y tenían relación con dos personas claves. La hermana de mi padre de aquí de España, tiene amistad con Marcos y por otra parte mi padre trabajaba para la familia de Ruiz Mateos, en aquel entonces Rumasa, trabajando en Nueva York. Claro, había ese vínculo, Marcos también había llevado casos de la familia Ruiz Mateos. Entonces, ¡con quién otro abogado íbamos a hablar aquí en España!, independientemente de que hubo otros abogados, el marido de Judit Mascó y otros, que se comportaron con nosotros de una forma increíble, pero, Marcos, fue Marcos. Recuerdo que mis padres me decían: -es que le llamemos y estemos donde estemos, lo deja todo para estar ahí, frente a la embajada… -

B.:       … Sí. Marcos es muy especial… y sé que entre vosotros hay un cariño muy especial.
J.J.:      Sí, sí… Para mí ya te digo, mi hermano mayor.

B.:       Me has dicho que dejaste de creer en Dios, pero ¿después de todo lo que has vivido has vuelto a creer en Él?. ¿Fue después de salir del Corredor de la muerte?
J.J.:      ¡Sí!. Me costó mucho volver a creer, pero fue dentro del Corredor, al poco tiempo. Cuando empecé a ver los cambios y las cosas que iban surgiendo. Las conversaciones con mi padre, cuando venían a visitarme pasaban de ser: - estamos haciendo todo lo posible por conseguirte un buen abogado -, a, - hemos estado con Su Majestad, hemos estado con el presidente del gobierno, con tal… -, entonces piensas: - ¡guau!, algo se está haciendo -. Yo no soy consciente de lo que se estaba haciendo fuera, (asombrado), ¡hasta que yo salgo que me entero de todo!. Habían estado también a Budapest, me enseñaron un montón de artículos, de conferencias que habían dado…

B.:       Buscando apoyos por todo el mundo. ¿Imagino que también en EEUU?
J.J.:      ¡Sí!, llamaron a todas las puertas y gracias a eso pudimos tener el apoyo necesario.

B.:       ¿Qué sientes en el mismo instante en el que te detienen?
J.J.:      Te voy a hablar sincero. Acaba de pasar hace poco la Super Bowl. A mí me detienen el mismo día de la Super Bowl. Recuerdo que salí de casa, cerré la puerta y le dije a mi pareja actual de ese momento que pida las pizzas que venían los amigos y que después de visitar a mis hijas, volvería a tiempo para ver la Super Bowl. ¡Es algo increíble porque no tiene explicación!. ¡Salí de esa puerta y no he vuelto a entrar a esa puerta!. Es como si pasas de una dimensión a otra. ¡Y es que jamás he vuelto!. Yo era muy joven. Tenía 24 años. Había estado celebrando el cumpleaños de mi nueva pareja en Disney World, habíamos ido toda la noche de fiesta, había bebido un poco, estaba con resaca. Fui a casa de mi ex mujer a visitar a mis hijas y ese día es cuando me detienen. (Pausa) Yo voy de arrogante, de chulo prepotente. Incluso con mi deportivo cuando llego al stop, -lo podéis ver en mi página para no entrar en tanto detalle-, pero cuando yo estoy viviendo todo esto, que salen los uniformes, los dos helicópteros, uno de prensa y el otro con los rifles, rodeado de coches de policías… Yo estoy viendo todo esto, y estoy pensando que hay una fiesta de Super Bowl en la zona. (Ríe amargamente) ¡¿Quién está pensando que vienen a por mí ni nada?!. Encima llevo una resaca de la noche anterior. Ahora me río pero en ese momento… Encima mi ex mujer les dice que yo llevo 2 pistolas en el coche, que tengo 2 pistolas registradas. Creo que son factores y coincidencias que llevan a que también la policía y todos, pues digan: - ¡ya tenemos a la persona! - ¿no?. El calibre de las pistolas coincidían con el 9 milímetros que se había utilizado en los crímenes. Claro. Luego ya hacen balística, pasan registros y ven que las pistolas que yo tenía registradas no eran las que se habían usado. ¡Yo estaba más preocupado por ir a ver la Super Bowl!. La policía me estaba hablando del caso y yo me partía de risa con ellos. Me quedaba mirándolos y les decía: - ¡bueno, ya está bien por hoy no! -, pues la policía me había hablado ya en 2 ocasiones; mi mujer ya les había llamado 2 veces antes, una vez diciendo que yo le había amenazado, que le iba a pegar y otra que le había amenazado que me iba a llevar a las niñas a Europa, y esta vez, diciendo que yo estaba en la zona de los asesinatos. Tuve que quedar con otra patrulla en otra ciudad donde estaba yo para indicarles que yo no estaba ni cerca, ni en ese momento, - ¡si no estoy ni ahí! -. (Sonríe nervioso) Para mí esto era otro evento más con mi ex mujer.

B.:       ¿Has perdonado a tu ex mujer?. ¿Tienes contacto con ella?
J.J.:      La verdad. Sí… He tenido contacto hasta que mis hijas cumplieron los 18.

B.:       No habéis mantenido ninguna conversación después de que salieras del Corredor de la muerte?
J.J.:      Cuando salí del Corredor de la muerte, sí que lo hemos hablado varias veces.

B.:       ¿Te fue a visitar?
J.J.:      ¡Sí!, en dos o tres ocasiones . Yo contaba a mis hijas que yo estaba de trabajo ahí en la cárcel y que el mono naranja y la camisa blanca que llevaba pues era de marinero y que los oficiales que veían ahí, pues era el capitán y los marineros del barco.

B.:       ¿Qué años tenían tus hijas?
J.J.:      Cuando entré al Corredor de la muerte tenían, 4 o 5 años y 6 o 7 años. Les hacía entender por qué había tanta policía. Les explicaba que el barco lo teníamos ahí atrás…

B.:       Perdona, pero el “uniforme” que llevabas era de color naranja. ¿Qué supone para ti el color naranja?
J.J.:      No tengo nada de color naranja. Es un poco contradictorio porque actualmente que vivo en Valencia y formo parte de una Falla, el color principal de ellos es el color naranja. Y para yo entrar dentro de la Falla, una de las condiciones especiales fue que por favor me cambiaran las vestiduras a otro color. Así hicieron. Lo aceptaron y me ayudaron a cambiar todo y me aceptaron como uno más.

B.:       Con empatía. Eso está muy bien.
J.J.:      Me ha hecho sentir muy bien. “Falla la amistad”. ¡Son increíbles!

B.:       Durante tu estancia en el Corredor de la muerte ¿a qué te aferrabas?
J.J.:      Al principio a nada. A mí. A la fuerza…

B.:       ¿Lo dabas por perdido todo?
J.J.:      Lo que ocurre es que yo me pongo a hablar con los condenados a muerte. (Sonrisa rota y seca). Y me hace gracia claro, porque cuando yo entro al Corredor escucho las voces de los nombres de ellos y luego se identificaban y pienso: - ¿será este el asesino tal…?. ¡Madre mía!, ¡Dónde me ha tocado!, ¡en qué pabellón me ha tocado! -. Gente que escuchabas de la TV. A mí se me acusaba de matar al hijo de un policía, ¡fíjate dónde me pusieron!, no me pusieron en ningún sitio bueno, ¡era lo peor!. (Se ríe nervioso). Y empiezo a escuchar a todos estos “compañeros”, que al final eran compañeros y yo decía: -¡menudos asesinos!, ¡madre mía!. ¡Estoy con todos estos aquí metido! -. Y con  el tiempo estas personas se convirtieron en más que compañeros, eran mis amigos ahí dentro. Eran quienes me mantenían fuerte, los que me aconsejaban qué hacer o no hacer inicialmente, al principio de mi estancia en el Corredor de la muerte. Y cómo adaptarme a toda esa vida ahí dentro.

B.:       Digamos que era lo más parecido que tenías a un ser humano. Los asesinos que te rodeaban.
J.J.:      Digamos que ahí también encontré el lado humano.

B.:       ¿El lado humano?
J.J.:      Sí. Lo tienen.

B.:       ¿Qué es para ti un ser humano?
J.J.:      Pues un ser humano, es una persona que de alguna forma u otra aún…, en este caso yo sólo he cometido errores. Pero el lado humano es tener sentimientos ¿no?, el tener feeling (sentimientos en inglés). Es una palabra americana pero la cojo yo muy dentro. ¡No hay traducción, aunque la haya para mí no hay traducción!. La palabra feeling, es feeling, ¿no?. Y…, ellos tenían ese feeling cuando los veías en la sala de visitas…, abrazados a… sus padres, a sus hijos… (Pausado)

B.:       ¿Supiste de alguno de ellos que realmente luego no fuera un asesino y estuviera allí por error como fue tu caso?
J.J.:      ¡Sí!. ¡Claro!. ¡Segurísimo!. Y algunos que no tenían ni que estar ahí. Porque tendrían que estar en algún centro médico porque no estaban bien.

B.:       ¿Psicóticos?
J.J.:      Muchas veces pensaba que era un show que montaban en frente de los jueces y de los médicos para no ser ejecutados. ¡Mentira!. Estaban así las 24 horas del día, hablases con ellos cuando hablases. No había diferencia.

B.:       ¿Guardas amistad con alguno de ellos?
J.J.:      ¡No!... Lamentablemente… ¡Sí!. Dos o tres que salieron…, los veo una vez al año en eventos en EEUU; una reunión anual que tenemos con todos los condenados a muerte. Y es una reunión muy especial en la que estamos invitados todos los condenados a muerte a un sitio. Hablamos de nuestras cosas, de cómo ha ido el año.

B.:       Es como una catarsis colectiva que hacéis todos ¿no?
J.J.:      Sí. Y aparte de eso también ayudamos a hablar en diferentes sitios locales.

B.:       Disculpa esta pregunta. Si quieres no me la respondas. ¿Qué tipo de torturas recibiste y presenciaste?
J.J.:      (Responde sin más) Las físicas eran malas, pero las psicológicas eran lo peor. Ese recordatorio diario de que te van a matar o de que los vigilantes, los funcionarios te dicen: - ¡Vas a morir!. ¡Tu familia no te quiere!, ¡te han abandonado!. No tengas fe en nada porque de aquí no sale nadie con vida… -. Cosas así que te marcaban. Independientemente la tortura física que he visto de muchos compañeros, como el caso de un compañero que creo que cambió mi perspectiva hacia la pena de muerte, fue el caso de un hombre llamado Frank Lee Smith, que había sido condenado a muerte por abusar sexualmente de una niña de 9 años y quitarle la vida. Claro, este hombre no tenía ningún cariño por parte de los funcionarios dentro del Corredor de la muerte y tampoco estaba muy bien de la cabeza. Había estado ahí cerca de 15 o 19 años. Había perdido mucha noción del tiempo y no sabía ni quién era. Muchas veces se subía a los barrotes, empezaba a zarandearse y se ponía a gritar diciendo: - ¡Sáquenme de aquí que soy inocente! -, y los compañeros le decíamos: - baja el tono que van a venir, te van a pegar una paliza a ti y a todas las demás celdas que estamos aquí contigo -. Y los vigilantes bajaban, abrían la puerta y le pegaban muy fuerte. En más de una ocasión se lo llevaban para curarle las heridas. Una vez no volvió y todos pensábamos que lo habían matado. ¡Este hombre está muerto!. No lo habían matado, yo lo vi un año después, cuando me concedieron a mí el juicio. Tuve que pasar por la enfermería para que me hiciesen las pruebas analíticas de sangre antes de ir al Condado antes de que empezara el nuevo proceso. Estaba con el nuevo juicio a punto de ser trasladado. Y en la enfermería vi a Frank, estaba acostado en la camilla, estaba muy enfermo. Estaba muriéndose. Estamos hablando de un hombre de raza negra, grandísimo. Los que hayan visto la película Green Mar, John Coffey… o sea, el negro más grande que te imagines y más fuerte posible, era este hombre. Y de eso a estar en una camilla acostado, habiendo perdido un montón de peso…, este hombre se estaba muriendo de cáncer. Y claro, ni a los funcionarios, ni los médicos, nadie le importaba nada: - ¡este es un violador y asesino de niña! -. Imagínate el tratamiento que le daban… Se murió de cáncer ahí dentro después de 19 años y la última petición que hizo fue que por favor fueran revisadas las pruebas de ADN porque era inocente. Un año después se demostró que era inocente ese hombre.

B.:       ¡No era más que un pobre enfermo mental o se le desarrolló la patología después!
J.J.:      Y otra persona se declaró culpable del caso. O sea, el ADN correspondía a otro y que siguió violando ¡y que se podían haber evitado esa segunda y tercera violación!. Si el Estado en vez de haber detenido a Frank, hubiesen buscado bien, hubiesen dado con la persona responsable de, posteriormente, otras violaciones de niñas de 9 años y que estaba ya sirviendo una condena. ¡Lo cogieron y estaba cumpliendo no sé cuántas cadenas perpetuas y reconociendo los delitos!.

B.:       ¿Entiendo que el Corredor de la muerte es como una prisión provisional pero a lo bestia y los funcionarios te dan ya por sentenciado?
J.J.:      Sí, a ver. ¿Cómo te puedo explicar yo?. Cuando hablas con personas y te dicen: - es que el Corredor de la muerte en Tailandia es así, en otro país es, ¡uf!, ¡menudo! -…, Claro, cuando sales de la prisión de algunos de esos países y ves cómo está fuera y ves cómo está el país y ves cómo han estado viviendo esas personas que están dentro del Corredor de la muerte que incluso vivían peor no por haber estado condenados a muerte, simplemente las condiciones… ¡Yo no puedo hacer una comparación!. En EEUU el Corredor de la muerte es oscuro, es muerte, es un recordatorio diario y es un maltrato psicológico por parte de los funcionarios que (remarca), te-recuerdan-que-te-van-a-matar.

B.:       ¿Ibas contando los días que te quedaban?
J.J.:      Yo no tenía fecha de firma aún, pero sí que pasaba. Yo estuve en el Corredor 3 años. No tenía que haber estado ni ese tiempo. El primer año quisimos hacer las cosas bien. Buscamos un buen equipo de abogados y le solté las riendas a mi padre y le dije: -papá, te encargas tú. Lo he hecho todo mal – y mi padre me dijo: - tranquilo hijo, vamos a conseguir lo mejor -. Estuvieron un año buscando los mejores abogados de EEUU y hablando con Marcos García-Montes aquí y hablando con otros abogados para intentar preparar una buena defensa. Conseguimos el equipo necesario. Dedicaron un año a investigación y recurso y después de dos años tardaron 3 meses, no más, en concederme el nuevo juicio. Posteriormente, el resto del tiempo era esperar al transporte del Corredor a la cárcel. Por eso estuve 3 años. ¡La Orden de la Corte Suprema del nuevo juicio tardó 3 meses!, ¡es que no se lo cree nadie!. Un tiempo unánime por parte de los 7 magistrados ¡ fue increíble!.

B.:       ¿Imagino que una pregunta en bucle dentro del Corredor era por qué a mí?
J.J.:      ¡Sí!. ¡Claro!

B.:       ¿Llegaste a dudar de ti?. Aun siendo inocente ¿pensaste en si lo merecías o no?
J.J.:      Te haces una auto reflexión y dices: - a ver, ¿qué he hecho yo con mi vida?, ¿qué he hecho yo en esta vida? – y ahí es cuando empiezas a pensar -.

Joaquín José se derrumba… Para, y agacha el rostro llorando e intentando apartarlo. Desde el comienzo de la entrevista está aguantando el tipo y los ojos asoman de cuando en cuando vidriosos.

B.:       Te emocionas mucho… Lo siento…

Intenta exclamar pero se ahoga con un nudo en la garganta. Sólo tiene su mano derecha extendida como pidiendo auxilio y le ofrezco mi mano. Me la aprieta muy fuertemente durante más de 5 minutos mientras resbalan sus lágrimas.

B.:       Dame la mano… Lo siento…
J.J.:      Piensas en el padre que has sido… (Para y confiesa susurrando y arrepentido) ¡Fatal!... (Pausado y avergonzado) Pasaba más tiempo de juerga. (Para y llora) De marido…, lo peor… Nunca maltraté  a mi mujer, nunca le pegué, pero no la traté como una mujer.

B.:       Como que no eras muy consciente de ello…
J.J.:      ¡Era muy joven!, ¡era muy ignorante!, ¡muy estúpido!. O sea, lo tenía todo y pensaba que eso lo era todo. ¿Me entiendes?

B.:       ¡Sí, sí!...
J.J.:      ¡Y como hijo le fallé a mis padres un montón de veces!

B.:       ¡Y fíjate cómo te respondieron!. ¿Tus padres viven  todavía?
J.J.:      Bueno, mi padre murió en Valencia en un accidente de tráfico. (Afligido)

B.:       ¡Vaya!, Pero, ¿después de todo el proceso?
J.J.:      Sí. Eso fue lo más duro que he pasado en mi vida… Y ahí, en el Corredor, es cuando dices: - ¿has sido una buena persona? -. Y te das cuenta que no. ¡Y te lo dices eh!. Y mira, te lo digo a ti. Creo que va a ser la primera vez que lo digo… ¡Quizás me lo merezco!.

B.:       ¿Tú crees?. ¿Algo tan durísimo?
J.J.:      Es lo que yo pensaba en ese momento. Con todo lo que había sido como persona y todo lo que Dios me había dado.

B.:       Pero lo dirás como elección de vida.
J.J.:      ¡Ahí está!. Pensaba: - quizás me merecía… -. Y eso me despertó. Ese fue el despertar.

B.:       ¿Ahí volviste a pensar en Dios?
J.J.:      ¡Sí, sí!. En todo. Y me dije: - esto no puede volver a pasarme en la vida -. De la muerte de mi padre intento hablar poco fue un accidente trágico. Murió en el 2003, dos años después de salir yo del Corredor de la muerte. Lo invité a Valencia que estuviese unos días conmigo para ver un partido, jugaban Valencia-Real Madrid, y le dije: - papá, ¡vente a ver el partido! -. Vino mi padre a Valencia y vimos el partido. Fue un domingo, y a los dos días, el martes, estando en la calle en un paso de peatones, un chaval en una moto, una Vespa, yo no estaba ahí presente, estaba trabajando una vez más. Y mi padre se dio un golpe atrás, en la cabeza. Murió, como a  500 metros del hospital. Los primeros que atendieron a mi padre fueron los médicos y enfermeras que estaban a la hora de comer. Fue surrealista.

B.:       ¡Vaya golpes de la vida!
J.J.:      ¡Eso sí que me hizo duro a mí!. Era mi pilar, era todo para mí. ¡Pero qué vida es esta que llevo yo!

B.:       ¿Te quedan secuelas del paso del Corredor?. ¿Duermes bien por las noches?
J.J.:      Sí. La gente tiene una percepción sobre el Corredor un poco rara. Me dicen: - pero tú en el Corredor ¿soñabas que te iban a matar? -. No recuerdo nunca soñar que me iban a matar, yo en el Corredor soñaba que estaba libre. Lo peor es soñar que estoy libre con mi familia, en un acto, en un cumpleaños, con mis hijas, con mi madre, con mi padre y despertarme y ver unos barrotes y saber que he sido condenado a muerte. Eso sí que era duro. Eso sí que te marca. Ahora lo que sueño fuera, es que estoy dentro, muchas veces.  Aún sueño… ¡Yo ya estoy viviendo una pesadilla!

Nos irrumpe Marcos García-Montes. Vamos a realizarnos unas fotografías. Le cuento lo conmovedor de la entrevista y responde con su brava e intachable inteligencia.


Marcos García-Montes:     ¡Es un tío fenómeno!. Es que lo que ha pasado es muy difícil. No lo puedes somatizar ni deslindar una cosa de la otra. ¡Es imposible!

Mientras nos realizan las fotografías, hay una lámpara que parpadea encima de sus cabezas constantemente. Joaquín José me expresa un recuerdo muy duro del Corredor.

J.J.:      ¡Si supieras el mal rollo que me da a mí esta lámpara!

En esta fotografía, se habla irónicamente de la silla eléctrica para continuar más relajados con la entrevista. En el fondo es una silla de trono y quedan a gusto. Continuamos con la entrevista.


B.:       ¿Estás bien verdad? Es que te he visto desde el principio muy emotivo.
J.J.:      Sí. Cuesta un poco. Ten en cuenta que yo no he tenido ningún tratamiento psicológico.

B.:       Te iba a preguntar sobre ello.
J.J.:      ¿Sabes lo que ocurre?. Te hablo claro. ¿Con quién puedo hablar yo que haya tratado con un caso como el mío?. Es que aunque haya buenos psicólogos, ¡y conozco buenos psicólogos!. Mi tratamiento es hablar de ello.

B.:       Creo que es tu catarsis, por eso te he pedido que me gustaría una entrevista personal.
J.J.:      Después de 7 hijos que tengo, los dos últimos me han salido gemelos. Tienen ahora 6 años. Soy abuelo de 3.

B.:       ¡Tan joven!
J.J.:      Tengo una mujer perfecta. Llevo más de 10 años con ella. Ella es la única persona que me ha sabido encarrilar. Eso es difícil, porque primero tenía que volver a aprender a ser persona cuando salí. Y tenía que ser una persona completamente nueva. Con todo lo que te estoy contando, imagínate los pensamientos en mi cabeza, cuando yo salgo, de intentar hacerlo todo bien. De tal forma que me equivoco muchas veces cuando salgo del Corredor. Intentando hacerlo todo mejor y no hago las cosas tal como yo quería haberlas hecho pero posiblemente yo ya estaba realizado y ya no me falta nada.

B.:       ¿Ya puedes decir entonces que crees en Dios?
J.J.:      ¡Sí!. ¡Creo en Dios!. ¡He viajado medio mundo!. Doy conferencias. No podría darte un listado de los países, ciudades que he visitado en las que he dado charlas. Países musulmanes, Casablanca, Túnez, Turquía… O sea, ¡es una locura!. ¡Y ya en Europa ni te cuento!. En los países que volado y hablado. Por EEUU, Chile…

B.:       Trabajo no te falta. ¡No te quejarás!
J.J.:      ¡No!. Pero me ayuda también. Es lo que hablamos.

B.:       Efectivamente esa es tu catarsis.
J.J.:      Y después de todo esto, ¡lo que he conocido, lo que he visto…!. ¡Claro!. Si yo hubiese sido cualquier otro pues no hubiera entrado al Vaticano y me hubiesen tratado como me trataron y no hubiera dado una charla a los futuros sacerdotes, obispos, arzobispos…, o sea, la crème de la crème. Dar una conferencia ahí y te quedas… Por decirte algo. ¡Hablar con tantas personas a nivel mundial!. ¡Los colegios, los estudiantes!

B.:       ¿Te harán preguntas de todo tipo?
J.J.:      Son los peores. (Irónico). Cuando salgo del Corredor tenía un miedo que no te puedes ni imaginar. El primer evento grande que tuve fue cuando me llaman de Roma y me dicen: - Joaquín, vamos a empezar un evento que se llama “Ciudades por la vida”, con el respaldo del Vaticano y su Santidad el Papa Juan Pablo II -. Y les pregunté quiénes eran y me respondieron que eran la comunidad Sant´Egidio de Roma. Yo recién salido no entendía nada. Les pregunté que me explicaran, yo pensaba que esto era un cachondeo y me dicen: - pues es que el Papa Juan Pablo II, va a iluminar el Coliseo por tres motivos, uno de ellos la abolición de la pena de muerte en Chile, otro la salida de un disidente japonés y el tercero por salir tú del Corredor de la muerte -. Y digo: - ¿El Coliseo de Roma? -, y dicen: - ¡sí!. Estáis invitados tú y tus padres, habrá una celebración especial, estará el alcalde de Roma -. Y cuando yo salgo allí… (Queda atónito)

B.:       ¿Qué sentiste?
J.J.:      ¡No volví a tener miedo! (Sonríe) A raíz de eso empiezo a dar charlas en los colegios, en las organizaciones.

B.:       ¿En qué año fue?
J.J.:      2001. El año en el que salí. El primer evento. Y recuerdo claramente, te resumo, en Sicilia, en un auditórium venían en autobuses de todos los colegios a verme a mí. Al año y medio de salir del Corredor. Claro, ya se me quitó todo el miedo después de eso y del Coliseo. (Se sonríe agradecido). Hablando con todos los estudiantes y cuando acabo después de casi dos horas, le pasaron el micro a una chica al fondo y está llorando la chavala y yo me decía: - ¡madre mía! – y le pregunté: - dime -, y me dice: - soy tal, mi padre fue asesinado por la Camorra, la mafia siciliana aquí, lo mataron delante de mí y sólo tengo una pregunta. Joaquín, tú estás en contra de la pena de muerte porque tú fuiste al Corredor de la muerte. Te agradezco que hayas venido aquí y tal, tal…, pero si no hubieses ido al Corredor de la muerte, ¿estarías hoy en contra de la pena de muerte? -. La historia de ella me había impactado… Yo no entendía eso hasta dos años después, cuando faltó mi padre que sentí esas emociones. Que un familiar de una víctima pueda llegar a sentir ese odio, ese rencor, esas ganas de venganza. Cuando me comunican en el hospital que mi padre ha muerto y tengo que salir y comunicárselo a mi madre… ¡buau!... No había matado a nadie en mi vida, pero tenía ganas de coger a ese chico de 17 años y hacerle lo peor que hubiera podido hacerle.

B.:       ¿Crees en la venganza?
J.J.:      ¡No!. ¡Y fue en ese momento! que mi madre me sacudió en el hombro y me dijo: - ¿no has aprendido nada? -. Llorando que estaba la mujer ¡eh!. ¡Y ahí es dónde aprendí el perdón!. A raíz de lo de mi padre.

B.:       ¿Antes sí creías en la venganza?
J.J.:      Ya no creía ni en la pena de muerte ni en el sistema, tampoco en el ojo por ojo, pero sí en lo que llaman Karma. Aprendí el perdón porque me lo pidió mi madre evidentemente. Las mamás son el mejor regalo del mundo (con orgullo). Aprendí el perdón porque yo imaginaba a la persona esa ejecutada 3000 veces, al chico ese de 17 años que mató a mi padre y creo que nada podía aliviar ese dolor que yo sentía. Nada. Ganas de salir por la puerta del hospital y cogerlo. Estaba la policía conmigo y todo eh.

B.:       ¿Qué pasó con el chaval?
J.J.:      Pues posiblemente se le condena pero no se le condena nada porque tenía 17 años y ya sabes ¿no?

B.:       Si hubiera sucedido en EEUU…
J.J.:      … ¡Buau!...

B.:       ¿Tienes algo aún que te guardes desde el Corredor y que quisieras confesar?.
J.J.:      Había muchas cosas ahí dentro que la gente no podía entender. Ese trato que yo había recibido. Hablaba muchas veces de las cadenas, lo duras que estaban y más. Te voy a dar un ejemplo, ya han pasado 20 años que salí del Corredor. Y hoy, entro en una cafetería y tengo sed y hay una jarra de agua con dos vasos, y voy con mi compañera y le digo: - ¿tú crees que esa agua es del grifo? – y dice: - ¿pero por qué preguntas?, ¡si sabes que el agua de Madrid es la mejor! – y le digo: - ¡lo sé!, no te estoy preguntando eso – y ella: - claro, creo que es del grifo -. Cada vez que yo veo agua que no esté en una botella, recuerdo el sabor ese a tubería oxidada. Y lo siguiente que creo que no lo he contado por el asco; cuando nos hacían limpiar nuestras celdas y los wáter nos preguntaban: - ¿está bien limpio?, ¿estás seguro? -, nos daban una taza y nos decían: - bebe el agua del wáter -.

B.:       ¿Os obligaban a beber los orines?
J.J.:      Era el mío personal, el de mi celda. Siempre lo mantenía limpio, pero nadie puede entender porque yo no puedo beber agua que no esté embotellada. Incluso en la piscina, en el mar.

B.:       ¿No te bañas en el mar?
J.J.:      Sí, pero intento nunca tragar agua. (Sigue hablando en presente). Y más de una vez que te meten la cabeza dentro del wáter, eso es cuando se enfadan mucho. Ten en cuenta que una vez al mes te hacen las pruebas de drogas, por si alguien está introduciendo drogas a la penitenciaría. Y te despiertan a las 4 de la mañana y tienes que orinar. Si no orinas, el agua que bebes es del wáter. Son recuerdos que intento olvidar, pero me hace mejor persona y ser más sensible con este tipo de cosas y con el resto del mundo. Lo que te comentaba antes de las cárceles, lo que me decían de las prisiones como por ejemplo en Filipinas. ¿Sabes cómo vivía yo antes?, con esos cubiertos, lo arrogante y lo estúpido que yo era, que yo decía: - esta copa… ¡Cámbiamela! -, (chasquea sus dedos levantando la mano), a comerme todo lo que me comí. Ahí sí que te conviertes en persona. Y aprecias todo.

B.:       ¿Qué te distrae en esta vida?, ¿o te aburren muchas cosas?
J.J.:      No me aburre nada. En esta vida tengo todo lo que necesito. Con mis hijos no tengo tiempo para nada. Es una locura. (Sonríe placentero)

B.:       ¿Qué es lo que más detestas?
J.J.:      El agua del grifo. (Ríe certero)

B.:       ¿Qué es para ti la justicia?
J.J.:      Dar a cada uno lo que cada uno se merece. Lamentablemente. Y me dicen: -pues en tu caso ha habido justicia porque estás libre – y respondo: - yo no me merecí haber perdido esos años de mi vida y lo que viví. Ni yo, ni mis padres -.

B.:       ¿Qué es para ti el amor?
J.J.:      Mi mujer y mis hijos, que son los que me han dado vida y amor.

B.:       ¿Qué es el perdón?
J.J.:      Eso es lo que aprendí con la muerte de mi padre. Es lo más duro que una persona puede hacer ¡eh!, ¡perdonar!. Creo que en la vida no hay nada comparado a lo que es perdonar. Ahora sí, duermes como un ángel, duermo todas las noches como un angelito. No me quita el sueño.

B.:       Defíneme a Joaquín José Martínez.
J.J.:      Un nuevo hombre.

Al finalizar transmito que espero le haya sido muy catártico y afirma muy expresivo que ha sido realmente emotivo.

Por B. Shields
Escudo veraz

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